Una vez al inicio del semestre en la Facultad me presenté así: “Hola, soy Venecia y mi casa se quemó anoche”. De esa manera me evitaba tanto rollo sobre hice esto, soy esto, soy la mejor, todo me sale bien y bla, bla, bla. Así, de una vez por todas, se enteraban de quién era.
Pero no es el caso acá en el blog. Tons digamos que soy básicamente tres cosas: una vaga, una coqueta y una llorona. Y para completarle soy una bailadora, vanidosa y soñadora. El concierto número cuatro de Sibelius me pone a gritar de grandeza y cuando escucho a Rachmaninov termino tirada de boca en la alfombra después de haber entrado en estado de admiración y desesperación. No obstante, cuando hay que mover el bote le entro al reggaeton, al vallenato y a la cumbia.
Tengo 2 cumpleaños, uno en septiembre y el otro en octubre. El primero lo decidió mi mamita y el segundo lo adquirí yo. Hablo el español académico y el chilango naco. Hablo bien el italiano, el portugués y el inglés. También hablo medio francés, el esperanto básico y toscano guarro. Aún entiendo un poco de coreano.
Me late el chile, si-no-pica-no-sabe. Amo la radio y el cine pero sobre todo AMO LA VIDA y por eso me pasa lo que me pasa.
La segunda vez que me alejé de México me enamoré perdidamente de él. Lo que no sabía es que Italia también tenía una cama cálida y un lugar para mí. Es así como siempre estoy entre dos tierras, es así como pongo a los Ángeles Azules en plena campiña toscana acordándome de los tíbiris organizados en las calles de Iztapalapa, donde nací. Es así como me hallo en la Central de Abastos dando una visita guiada a mis huéspedes italianos.
También he intentado varios pasatiempos: los alebrijes, el hawaiano, el flamenco, la danza árabe, la pintura y los idiomas. Dos veces he sido malacopa en serio. Me encanta la ópera, los perfumes, sobretodo el Chanel No. 5 y estoy convencida de que una de las habitaciones de la casa en Italia fue hecha para un mundo de conejos. ¡Ya hasta se las estoy decorando!
Soy también sobreviviente de un feo suceso el año pasado pero me curé pronto a base receta de cariño y deseos. Me inmolo por mi familia, por la libertad de pensamiento y la paz. Amo a Mozart.
Hace 7 años que me puse de moda. A veces debo repartir mi teléfono en los trenes o pagar la multa a algún desconocido. Me persiguen en bicicleta en las pequeñas ciudades y me quieren engañar en las grandes. Me ofrecen todo pero yo estoy tan ocupada en ver el momento preciso en que crecen las pestañas, estudiar los cielos desde los huertos o los tinacos y en seguir vagando así que generalmente paso de largo. Ni modo. ¡Qué risa!
Gané un Premio Nacional de Radio en México hace 4 años, he rolado por Europa Occidental haciendo mi propio road movie y díacndía me doy cuenta que no pude volver a ser la misma. Amo los tacos, los perritos, los pambazos, los canales de cocina, elguacamole, la pizza y el vino.
Una mañana de diciembre de hace 5 años, un par de italianos tocaron a la puerta de mi casa. Uno de ellos era él, el más sencillo, diáfano, paciente y práctico de los hombres. Yo que soy la teórica, obtusa, desesperada, gritona y necia muchacha, poco a poco me fui enamorando.
Durante 6 años dormí en una jardinera en la azotea de mi casa. Fue ahí cuando me convertí en una pirata de las azoteas del oriente de la Ciudad de México, me hice aficionada al arrullo de las estrellas y a captar durante la madrugada estaciones extranjeras desde mi radio de onda corta.
Esto es algo sobre mí. Esto es acerca de una chica (ciudadana) del mundo en minifalda que se mete siempre donde no la llaman. Sobre mis quehaceres y aventuras en un mundo maravillosamente raro. Mis cuentos venecianos en septiembre vienen de mi nombre y del mes en que llegué aquí y no pude hacer más que sonreír.