Entre tanto check in accidentado, ni cuenta me di que ya estaba en el avión y despegaba.
Desde la ventana, veía uno de los cortometrajes periódicos de mi vida…Italia se hacía chiquita…
El mar, sus olas calmas, las playas, las casitas, la gente que iba a trabajar, el sol que se alzaba, mis ojos rojos, Viareggio, el lago de Massacciuccoli. “Detrás de la colina donde termina el lago está nuestra casa”, pensaba y decidí seguir viéndola hasta donde fuera posible. Pensé que ir y venir es cada vez más difícil, el corazón se encoge.
Luego el Golfo de la Spezia, la Costa Ligure, el Piemonte (Ciao Sonia), el Po, los Alpes, mi corazón que se encogía, la venas tensas, París, por seguridad, mis perfumes en bolsas, Ámsterdam, sol desde la ventanilla, la extraña sensación de que no toco más ese misterioso continente.
Entre tanto retén, filas, transbordos y galletitas holandesas, no me dí cuenta… pero cuando el monitor señalaba 15 minutos para el aterrizaje y ví la ciudad de México desde arriba, me eché a llorar.
Ahí estaba mi ciudad, su campo. Vestida con sus montes grises, con su capa de aire espeso, se hacía cada vez más grande e imponente. Mi respiración tensa, mi corazón diminuto. Pensé en su color de paja, en la Central de abastos, en la abundancia. Casi podía ver a mi mamá caminando saliendo de la escuela, a mi hermano en Ciudad Universitaria, mi azotea, mis perritos, el cilantro que a esa hora se empieza a picar en los puestos que venden de noche.
Pero sólo ahí me dí cuenta de que Italia se hizo chiquita y mi corazón, pasita. Y que de las pasitas se saca el vino fragolino, allá en Toscana. Ay, mi corazón de fragolino!
Resiste, calladito, pronto viajarás a México de su mano. Calladito, no hagas ruido, triste y contento al mismo tiempo, quién te entiende, ya te dije que es así, que no se puede hacer nada, que hay que ir y venir, ya cálmate, te van a escuchar, ya no llores, te compro un frutsi de uva, somos de todas partes pero solo aquí tenemos documentos, debemos titularnos y regresar a Italia al inicio de las flores y sagras, que te calles corazón de pasita, fragolino.. habla español que no todos te entienden, empéñate, ¿no? mira, no llegó la maleta, vámonos ya, angelo mio, no tengo ni diez pesos para el taxi, saltiamo in fondo al buio, mejor llamo por teléfono, él duerme en la cama sola, fragolino basta de estos sentimientos raros, ya no llores que te van a escuchar, basta y piensa que Italia se hizo chiquita porque sólo así pudo caber aquí entre nosotros…